Volumen

14

Número

2

*Autor(a) correspondiente thaisestrella@edu.unirio.br

Envío 18 sep 2026

Aceptación 06 oct 2026

Publicación 26 oct 2026

¿Cómo citar?

ALENCAR, T. E.; BORBA, F. M. Confianza en las urnas electrónicas y en la integridad electoral: un análisis cualitativo de las percepciones de los electores cariocas. Coleção Estudos Cariocas, v. 14, n. 4, 2026.
DOI: 10.71256/19847203.14.3.268.2026

El artículo fue originalmente enviado en PORTUGUÉS. Las traducciones a otros idiomas fueron revisadas y validadas por los autores y el equipo editorial. Sin embargo, para una representación más precisa del tema tratado, se recomienda que los lectores consulten el artículo en su idioma original.

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Confianza en las urnas electrónicas y en la integridad electoral: un análisis cualitativo de las percepciones de los electores cariocas

Trust in electronic voting machines and electoral integrity: a qualitative analysis of Carioca voters’ perceptions

Confiança nas urnas eletrônicas e na integridade eleitoral: uma análise qualitativa das percepções dos carioca

Thais Estrella de Alencar1, Felipe de Moraes Borba2 

1Programa de Pós-Graduação em Ciência Política, Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro (UNIRIO). R. Voluntários da Pátria, 107 - Botafogo, Rio de Janeiro - RJ, 22270-000. ORCID: 0000-0001-7057-493X; e-mail: thaisestrella@edu.unirio.br

2Programa de Pós-Graduação em Ciência Política, Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro (UNIRIO). R. Voluntários da Pátria, 107 - Botafogo, Rio de Janeiro - RJ, 22270-000. ORCID: 0000-0001-8396-7548; e-mail: felipe.borba@unirio.br

Resumen

En los últimos años, la seguridad de las urnas electrónicas se ha convertido en objeto de debate en la política brasileña. Este artículo busca comprender por qué los electores cariocas confían o desconfían de las urnas y de la integridad de las elecciones. Analizamos ocho grupos focales realizados en 2021. Los resultados muestran que la confianza en el funcionamiento de las urnas puede coexistir con críticas a otras dimensiones del proceso electoral. La desconfianza se asocia con vulnerabilidades tecnológicas y noticias sobre fraude y puede persistir sin evidencias o mecanismos concretos, sostenida por percepciones amplias de corrupción y desconfianza institucional.

Palabras clave:         integridad electoral, urna electrónica, grupos focales.

Abstract

In recent years, the security of electronic voting machines has become a subject of debate in Brazilian politics. This article examines why voters in Rio de Janeiro trust or distrust electronic voting machines and electoral integrity. We analyze eight focus groups conducted in 2021. The results show that trust in the operation of voting machines can coexist with criticism of other dimensions of the electoral process. Distrust is associated with perceived technological vulnerabilities and reports of fraud, and may persist even without concrete evidence or mechanisms explaining how fraud occurs, sustained by broader perceptions of corruption and institutional distrust.

Keywords:         electoral integrity, electronic voting machine, focus groups.

Resumo

Nos últimos anos, a segurança das urnas eletrônicas tornou-se alvo de debate no cenário político brasileiro. Este artigo busca compreender por que eleitores cariocas confiam ou desconfiam das urnas e da integridade das eleições. Para isso, analisamos oito grupos focais realizados em 2021. Os resultados mostram que a confiança no funcionamento das urnas pode coexistir com críticas a outras dimensões do processo eleitoral. A desconfiança aparece associada a vulnerabilidades tecnológicas e notícias sobre fraude e persiste mesmo sem a identificação de evidências ou mecanismos concretos de como ela ocorre, sustentada por percepções mais amplas de corrupção e descrença nas instituições.

Palavras-chave:         integridade eleitoral, urna eletrônica, grupos focais.

1  Introdução

La confianza en el proceso electoral constituye una dimensión importante de la legitimidad democrática, ya que la aceptación de las reglas, de los procedimientos y de los resultados de las elecciones depende, entre otros factores, de la percepción de que los votos son registrados y contabilizados de manera confiable (Norris, 2014). En los últimos años, sin embargo, el debate sobre la seguridad de las urnas electrónicas en Brasil ganó visibilidad, impulsado por el expresidente Jair Bolsonaro. Esta retórica refleja una tendencia global vista en las crisis de las democracias contemporáneas, en que líderes autoritarios-populistas cuestionan la legitimidad de los procesos electorales, promueven sospechas de fraude y atacan instituciones democráticas (Eatwell; Goodwin, 2018; Norris; Inglehart, 2019).

También hemos presenciado en las últimas décadas una ola creciente de elecciones contenciosas, caracterizadas por debates acalorados, disputas judiciales, protestas en masa y boicots de la oposición (Norris; Frank; Coma, 2015). Ejemplos claros de este fenómeno incluyen la invasión del Capitolio en los Estados Unidos, en enero de 2021, y la invasión de los Tres Poderes en Brasil, en enero de 2023, por partidarios de Donald Trump y Bolsonaro, respectivamente. En ambos casos, la narrativa de fraude electoral desempeñó un papel central en los acontecimientos. Aquí, es importante distinguir, como destaca Stewart (2022), la confiabilidad objetiva del proceso electoral (trustworthiness) de la confianza que los ciudadanos depositan en ese proceso (trust).

En el contexto carioca, un estudio reveló que el 69,4% de los electores confían poco o no confían en las urnas electrónicas (Borba, 2022). La literatura sobre confianza electoral ha avanzado sobre todo a partir de investigaciones cuantitativas, identificando el perfil de los electores más o menos confiados y la relación de esa confianza con preferencias políticas y posición en la competencia electoral (Sances; Stewart, 2015; Borba; Dutt-Ross, 2022; Mello; Jurado, 2026). Otros estudios analizan la circulación de este tipo de contenido en las redes sociales (Gomes; Dourado, 2019; Dourado; Almeida; Piaia, 2024). Tales trabajos permiten comprender quién tiende a desconfiar de las elecciones, en qué condiciones esa desconfianza se manifiesta y cómo las narrativas de fraude son producidas y difundidas. Permanece menos explorado, sin embargo, por qué los electores desconfían del proceso electoral y qué razones movilizan para explicar esta desconfianza.

En este sentido, el presente estudio busca analizar las percepciones de los electores de Río de Janeiro sobre la confiabilidad de las urnas y la integridad de las elecciones. Para ello, utilizamos grupos focales realizados en 2021 con 62 participantes. El análisis de estos datos permanece relevante no solo por la persistencia del tema en el debate brasileño, sino porque permite observar cómo estas percepciones eran formuladas antes de las elecciones presidenciales de 2022 y de los acontecimientos del 8 de enero de 2023. El objetivo, por lo tanto, no es tratar los datos como un retrato actual de la opinión pública carioca, sino comprender las justificaciones que sustentaban la confianza y la desconfianza en un período anterior a la profundización de la contestación electoral en el país.

Inicialmente, discutimos la distinción entre elecciones consensuales y contenciosas (Norris; Frank; Coma, 2015; Norris, 2018), situando la confianza electoral en un debate más amplio sobre la aceptación de las reglas, procedimientos y resultados de la competencia política. En la segunda sección, avanzamos hacia la discusión sobre integridad y desconfianza electoral (Norris; Frank; Coma, 2013; Norris, 2014), buscando comprender de forma más específica los cuestionamientos dirigidos al proceso electoral y a las alegaciones de fraude. La tercera sección presenta la metodología utilizada, mientras que la cuarta discute los resultados. Por último, las consideraciones finales sintetizan los principales hallazgos.

2  Elecciones contenciosas y consensuales

Así como el proceso de consolidación democrática, la ampliación del número de países que realizan elecciones regulares y competitivas no es un camino ascendente y sin retorno. Norris y Grömping (2019), que miden anualmente las percepciones de integridad electoral en todo el mundo, atestiguan que las malas prácticas continúan minando las disputas, desde casos de violencia política, campañas de desinformación y subrepresentación de minorías. Norris e Inglehart (2019) destacan además que la década de 2010 estuvo marcada por el ascenso de líderes autoritario-populistas en diversas partes del mundo. Paralelamente, hubo una intensificación de las elecciones contenciosas (Norris; Frank; Coma, 2015).

Las elecciones contenciosas se caracterizan por períodos electorales que presentan contestación, con diferentes grados de severidad, a la legitimidad de los actores, procedimientos o resultados electorales, tales como preocupación por la falta de imparcialidad, autoridad e independencia de los órganos de gestión electoral, además de divergencias sobre el proceso de votación y traducción de votos en escaños (Norris; Frank; Coma, 2015). Las crisis de legitimidad son desencadenadas en los estados por diversos motivos, como escándalos de corrupción y crisis económica.

El fenómeno de una elección contestada puede ser detectado por medio de varios síntomas, incluidos el declive de la confianza en las elecciones por parte de ciudadanos y élites; manifestaciones masivas; boicots de la oposición o impugnaciones judiciales; e incidentes de violencia política ocurridos durante todo el ciclo electoral. Se entiende que cada uno de estos elementos subyacentes al concepto de elecciones contenciosas está relacionado, generando una profundización de una crisis de legitimidad electoral (Norris; Frank; Coma, 2015). Además, Norris, Frank y Coma (2015) advierten que una crisis de legitimidad por medio de elecciones contenciosas representa otro riesgo adicional: las élites pueden buscar gobernar por medio de mecanismos no democráticos, clientelismo, apelaciones populistas e ideológicas y, en estados represivos, por medio de la amenaza y el uso de la fuerza.

Por otro lado, las elecciones consensuales proporcionan mecanismos para resolver disputas de forma pacífica, democrática, legal y ordenada (Norris, 2018). En este marco, las disputas armonizan la competencia entre visiones rivales, líderes y partidos políticos, garantizando un acuerdo común sobre las reglas del juego. La legitimidad del proceso no es contestada. Desde este ángulo, Przeworski (2020) conjetura que un orden institucional prevalecerá cuando las fuerzas políticas reciban incentivos para buscar sus intereses a través de las instituciones, así como para tolerar resultados desfavorables. En esta lógica, percibe las elecciones como método de procesar conflictos: “el milagro de la democracia es que las fuerzas políticas en disputa acepten los resultados de la votación” (Przeworski, 2020, p. 84).

La distinción entre la calidad del proceso electoral y la confianza depositada en él, sin embargo, es importante para comprender la contestación de las elecciones. Stewart (2022) diferencia la trustworthiness de las elecciones, relacionada con la existencia de procedimientos capaces de producir resultados confiables, de la confianza electoral propiamente dicha, entendida como una evaluación de los ciudadanos sobre el funcionamiento de ese proceso. Así, una elección puede poseer mecanismos institucionales destinados a asegurar su fiabilidad y, aun así, ser percibida como poco confiable por segmentos del electorado. Para Stewart (2022), esas evaluaciones son influidas, también, por la experiencia concreta del ciudadano, por los medios de comunicación y por la retórica de las élites políticas.

3  Desconfianza electoral y gritos de fraude

En cuanto a los fraudes electorales, Lehoucq (2003) destaca la diversidad de prácticas que pueden comprenderse bajo este concepto, desde violaciones procesales de la legislación electoral hasta acciones destinadas directamente a alterar los resultados de una contienda. Para Norris, Frank y Coma (2013), sin embargo, la ausencia de fraude electoral constituye apenas una dimensión del concepto más amplio de integridad electoral, ya que diferentes aspectos de una elección pueden verse comprometidos a lo largo de todo el ciclo electoral, incluido el registro de los electores, las campañas, la votación y el recuento de los votos.

Sin embargo, a diferencia de la ocurrencia efectiva de violaciones de los procedimientos electorales en cualquier etapa del ciclo electoral, las elecciones contenciosas suelen involucrar alegaciones no comprobadas sobre la integridad del proceso. Norris, Frank y Coma (2013) señalan que las acusaciones de fraude son frecuentes entre quienes pierden las contiendas y pueden contribuir a erosionar la confianza del público en los resultados electorales. Según Norris (2014), los candidatos derrotados tienen incentivos para cuestionar la limpieza de las elecciones, especialmente en contiendas reñidas o cuando necesitan justificar ante el electorado un desempeño desfavorable. Sances y Stewart (2015), a partir de encuestas realizadas en Estados Unidos entre 2000 y 2012, muestran que los electores del candidato ganador manifiestan sistemáticamente una mayor confianza en que los votos fueron contabilizados correctamente que los electores del candidato derrotado.

Se han observado casos recientes de desconfianza electoral y acusaciones de fraude en las Américas, en Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Perú y Colombia, frecuentemente asociados a la no aceptación de la derrota por parte de los candidatos (Reis, 2017; O Globo, 2023; Arcanjo, 2026). Otro caso emblemático fue la invasión del Capitolio en Estados Unidos, en enero de 2021, por simpatizantes de Donald Trump, quien convocó a sus electores a protestar contra el resultado de las elecciones de 2020 con el argumento de que se había producido un fraude electoral. El presidente también recurrió a la Justicia para impugnar los resultados electorales (G1, 2021). Dos años después, en enero de 2023, simpatizantes de Jair Bolsonaro invadieron y vandalizaron las sedes de los Tres Poderes en Brasilia, pronunciando discursos antidemocráticos y cuestionando el resultado de las elecciones de 2022 (Ferreira et al., 2023). Es importante señalar que Bolsonaro ya había protagonizado reiterados ataques contra el sistema de votación electrónica utilizado en el país (Folha de S. Paulo, 2021) y había declarado que no reconocería una eventual derrota electoral (G1, 2018).

En los casos aquí mencionados, las acusaciones de fraude fueron centrales para la movilización del electorado. En este sentido, Dourado, Almeida y Piaia (2024) encontraron, mediante el análisis de publicaciones en Facebook, YouTube y Twitter durante las elecciones municipales de 2020 en Brasil, que los contenidos relacionados con la impugnación electoral son movilizados por políticos y líderes de la derecha radical. Según los autores, la mayoría de estos contenidos se basa en opiniones políticas, carece de fuentes o pruebas fácticas y tiene un carácter eminentemente conspirativo.

De manera similar, un estudio realizado por la Fundación Getulio Vargas, que analizó el fenómeno reciente de las acusaciones de fraude en las urnas y las demandas de voto impreso auditable en Brasil, reveló que el volumen de publicaciones sobre el tema en Facebook se ha mantenido constante desde 2014, con aumentos en los momentos en que la cuestión adquiere relevancia en la agenda pública. El documento destaca que:

En general, las publicaciones populares sobre el tema, en términos de interacciones, son aquellas vinculadas al discurso de no aceptación del resultado electoral, así como a la ocurrencia de fraudes en elecciones anteriores y a los riesgos futuros, y no necesariamente aquellas relacionadas con la discusión o la crítica técnica, promovida por especialistas en informática y áreas afines, sobre la transparencia, la seguridad digital y las urnas electrónicas (Ruediger, 2022, p. 21).

Durante el período analizado en el informe, de noviembre de 2020 a enero de 2022, se encontraron cerca de 400 mil publicaciones sobre el tema, difundidas desde unas 27 mil cuentas. De ellas, 12 concentran el mayor volumen de interacciones, como reacciones, comentarios y compartidos, y la mayoría corresponde a perfiles de representantes electos. Los perfiles de los diputados federales por el Partido Social Liberal (PSL) Carla Zambelli, Bia Kicis y Filipe Barros, además del perfil del propio expresidente Jair Bolsonaro, son los que registran el mayor número de interacciones del público con sus publicaciones (Ruediger, 2022). Gomes y Dourado (2019) observan, además, que las cuentas que difundieron noticias falsas sobre el fraude en las urnas están explícitamente alineadas con la defensa del conservadurismo religioso.

Mello y Jurado (2026), mediante un panel de cinco olas realizado durante las elecciones presidenciales de 2022, encuentran niveles sistemáticamente más bajos de confianza en las urnas electrónicas entre los electores de Jair Bolsonaro. Borba y Dutt-Ross (2022), por su parte, muestran que la desconfianza en las urnas es mayor entre los electores más jóvenes y con menor nivel educativo, así como entre quienes confían en las declaraciones de Jair Bolsonaro y mantienen posiciones políticas asociadas a la derecha. Estos estudios permiten identificar características políticas y sociodemográficas asociadas a la desconfianza electoral, pero ofrecen menos elementos para comprender por qué los electores desconfían del proceso electoral.

4  Metodología

La investigación adopta un enfoque cualitativo, mediante grupos focales, con el objetivo de comprender las razones que esgrimen los electores para justificar su confianza o desconfianza en las urnas electrónicas y en el proceso electoral. Los estudios basados en datos de survey no tienen como propósito abarcar las justificaciones que subyacen a las valoraciones de los electores y pueden pasar por alto aspectos cualitativos fundamentales para explicar la confianza en las elecciones. Por ejemplo, no captan cómo las motivaciones, los valores y las emociones de los ciudadanos influyen en su adhesión o rechazo al proceso. Tampoco revelan las expectativas y frustraciones en relación con el funcionamiento de las instituciones electorales. Los datos cualitativos, por otro lado, permiten explorar estas percepciones con mayor profundidad y riqueza de detalles. Es necesario reconocer, sin embargo, algunos factores de interferencia, como la activación cognitiva simultánea de pensar y escuchar, el temor a la desaprobación social y la persuasión, aunque existen técnicas utilizadas por el moderador para atenuar estas limitaciones (Veiga; Gondim, 2001).

La investigación se llevó a cabo entre el 8 y el 20 de abril de 2021, en la ciudad de Río de Janeiro. Se realizaron ocho grupos focales a través de la plataforma Google Meet, con una duración aproximada de dos horas cada uno y una media de ocho participantes por grupo, lo que sumó un total de 62 personas. Los participantes fueron reclutados por una empresa especializada. El reclutamiento buscó garantizar la diversidad según la zona de residencia (Central, Norte, Sur y Oeste), el sexo (hombres y mujeres) y el grupo de edad (de 24 a 55 años), siguiendo una lógica similar a la adoptada en las encuestas de opinión. Esta información puede consultarse en el Apéndice A. Los grupos se conformaron de manera heterogénea, incluso en lo relativo al voto declarado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2018. La interacción entre los participantes se entendió como parte constitutiva de la técnica de grupos focales, en la que las convergencias, las divergencias y las influencias mutuas forman parte del propio proceso de formación y expresión de las opiniones (Veiga; Gondim, 2001).

La empresa responsable del reclutamiento no proporcionó al equipo nombres, datos de contacto ni otra información personal, y se indicó a los participantes que utilizaran nombres ficticios durante las sesiones. Todos fueron informados previamente sobre los objetivos de la investigación, la grabación de las sesiones y el uso de sus intervenciones con fines de investigación, y manifestaron verbalmente su consentimiento para participar y ser grabados, el cual quedó registrado al inicio de las sesiones. Las grabaciones se realizaron para su posterior transcripción, con acceso restringido al equipo de investigación, y el material utilizado en el análisis fue anonimizado[1].

La discusión siguió un guion semiestructurado organizado en bloques temáticos. En el bloque analizado en este artículo, se abordaron la confianza en el proceso electoral, la percepción sobre la limpieza de las elecciones y la fiabilidad de la urna electrónica. El tratamiento de los datos se realizó manualmente, tomando como referencia el procedimiento de análisis cualitativo propuesto por Yin (2016). Tras la recopilación de las transcripciones, el material se desglosó a partir de los distintos argumentos y percepciones presentados por los participantes y, posteriormente, se recompuso en función de las recurrencias, las similitudes y los contrastes identificados en sus intervenciones. A partir de esta organización, los datos se interpretaron y sistematizaron en las categorías que orientan la presentación de los resultados.

5  Resultados

El análisis de los grupos focales revela una visión compleja sobre la integridad electoral y la confianza de los electores de Río de Janeiro en las urnas electrónicas. Las opiniones están marcadas por la coexistencia de una confianza pragmática y una desconfianza alimentada por factores tecnológicos e influencias externas.

Algunos electores manifiestan confianza en las urnas al destacar la rapidez y la eficiencia que ofrecen en comparación con el antiguo sistema de votación en papel. Para estos participantes, las urnas representan una evolución del proceso electoral brasileño, ya que reducen el tiempo del recuento y minimizan el margen para la manipulación directa de los votos. Estos electores consideran que las urnas reflejan la modernización y destacan una perspectiva positiva del proceso.

Hoy en día, Brasil es considerado en el mundo uno de los países con mejores sistemas de recuento electoral, en términos de seguridad, rapidez y escrutinio. Por eso, creo al 100 % que la urna electrónica es fiable. Cuando comienza la elección, se emite una zerésima, que se coloca en la entrada de la zona electoral, donde todos los partidos tienen acceso a la cantidad de votos, tanto al inicio del recuento como al final (Hombre, 46, Zona Sur).

Creo que es algo mucho más fiable que el sistema de votación que existe en otros países, como Estados Unidos, donde se vota en papel y uno va allí, coloca todo en una urna y después cuentan los votos. Es algo en lo que no puede haber errores, uno va allí, introduce el número y confirma, o, si el voto es nulo, lo anula y se acabó. Allí se confirma el voto, hay un comprobante de que uno votó y listo. Creo que esta es la forma más segura de votar (Mujer, 25, Zona Sur).

El conocimiento sobre el funcionamiento del sistema parece reforzar esta confianza.

Creo al 100 % en el proceso de la urna, no tiene ningún vínculo con Internet, simplemente se conecta a una toma de corriente, no accede a ninguna red Wi-Fi, no tiene nada. La gente inventa cosas, ahora vemos al presidente de la República intentando por todos los medios cambiar la forma de votar, quiere retroceder, ir hacia atrás (Hombre, 46, Zona Sur).

La confianza también parece estar relacionada con la experiencia directa de haber trabajado en el proceso. Este resultado dialoga con la discusión desarrollada por Stewart (2022). Según el autor, la evaluación de las elecciones puede formarse a partir de diferentes fuentes de información, entre ellas la propia experiencia del elector con el proceso. En los grupos focales, quienes tuvieron contacto directo con los procedimientos de votación y fiscalización no solo afirman confiar en las urnas, sino que justifican esta confianza recurriendo a mecanismos específicos que observaron durante su labor como miembros de mesa electoral.

Yo confío. Generalmente soy miembro de mesa electoral, veo todo el proceso. Si hubiera un fraude a la hora de transmitir los datos, está la cuestión de la zerésima, de todo, del lector, que viene completamente en cero y nosotros lo comprobamos, lo firmamos... Todo es un proceso muy seguro [...] Incluso somos una referencia para otros países (Hombre, 34, Zona Oeste).

En cuanto a las urnas, a manipular los votos, creo que eso es prácticamente imposible. Hay mucha seguridad en todos los aspectos. Ya he sido miembro de mesa electoral algunas veces, así que uno ve la seguridad, ve los cuidados que se tienen, es muy difícil (Hombre, 32, Zona Norte).

Ya he trabajado como miembro de mesa electoral algunas veces. Cuando uno llega para votar, se extrae lo que llamamos zerésima, no hay nada en la urna y, como no tiene ninguna conexión con un teléfono, la urna en la que estamos trabajando no puede ser manipulada (Mujer, 55, Zona Central).

Es importante destacar que la confianza en las urnas no impide que los electores critiquen otros aspectos del proceso electoral, como la conversión de votos en escaños o el acceso a los recursos de campaña, considerados desiguales. Estas declaraciones refuerzan la importancia de no tratar la confianza en la urna electrónica y la percepción de integridad electoral como dimensiones equivalentes. Como sostienen Norris, Frank y Coma (2013), la integridad electoral abarca diferentes etapas del ciclo electoral y no se limita a la ausencia de fraude. Entre los participantes, esta distinción aparece de manera bastante clara: es posible considerar fiable la tecnología de votación y, al mismo tiempo, cuestionar la justicia de la competencia electoral.

En cuanto a confiar en el proceso electoral, sin duda no tengo nada que cuestionar. Confío al 100 %. Pero no veo justicia en el proceso electoral. Si uno observa una elección de diputados estatales y federales, no hay justicia, porque un partido político puede elegir a una persona con un número reducido de votos, mientras que, dependiendo del partido político, otra persona puede obtener el triple de votos y no resultar elegida (Hombre, 37, Zona Sur).

En cuanto al sistema de urnas electrónicas, personalmente sí confío. Pero no confío en que el candidato haga su campaña de manera justa, porque quien tiene dinero puede más, quien tiene dinero recurre a las noticias falsas, quien tiene dinero utiliza robots en WhatsApp. Para mí, eso no está bien, no es lícito, así que en ese aspecto no confío, en el de los políticos. Pero en la urna sí confío (Mujer, 55, Zona Central).

Creo que confío bastante en el proceso electoral de Brasil. Creo que se puede confiar, pero no considero que las elecciones sean justas, porque se empieza a segregar según el tiempo de televisión que tienen los candidatos, se empieza a segregar según la cantidad de dinero que tienen esas personas, y todo se vuelve desigual, ¿no? (Hombre, 40, Zona Sur).

De manera similar, los participantes señalan la práctica de compra de votos como uno de los motivos de la falta de integridad en el proceso electoral brasileño.

Conocemos la historia electoral de Brasil, marcada por la venta de votos y los favores que se intercambian durante las campañas, el famoso “ayúdame y yo te ayudaré”. En cuanto a las urnas y al recuento de votos, sabemos que están bien fiscalizados y supervisados, que no hay acceso a ninguna parte electrónica a través de 4G o de un sistema Wi-Fi, que no pueden ser hackeadas, por decirlo así. Confío en el sistema, no confío en los electores ni en los candidatos (Hombre, 28, Zona Central).

La urna electrónica es mucho más fidedigna que el voto en papel, tengo plena confianza en la urna electrónica, aunque sí existen esos problemas relacionados con la compra de votos (Mujer, 45, Zona Sur).

También hay participantes que afirman “confiar desconfiando”, lo que refleja un escepticismo más amplio respecto al funcionamiento de la democracia en Brasil. Predomina la percepción de que “todo puede corromperse” en el país. Entre las razones que explican esta postura, algunos señalan la inseguridad inherente al “medio digital” o atribuyen su desconfianza a los candidatos y políticos, a quienes consideran presumiblemente corruptos.

Cabe señalar que el estado de Río de Janeiro se ha caracterizado, en los últimos años, por sucesivas crisis políticas de gran repercusión. Entre 2016 y 2020, seis gobernadores o exgobernadores fueron detenidos o apartados de sus cargos en el marco de investigaciones y acusaciones relacionadas con delitos como malversación de fondos públicos, improbidad administrativa y delitos electorales. Este historial configura un contexto político e institucional particular, en el que las percepciones más amplias sobre la corrupción y el funcionamiento de las instituciones pueden influir en las evaluaciones del proceso electoral.

Asimismo, existe la percepción de que la probabilidad de fraude varía según la magnitud de la elección y la localidad, y que las elecciones presidenciales son menos vulnerables que las elecciones locales, mientras que las ciudades del interior son más susceptibles a las irregularidades. Del mismo modo, la falta de transparencia en el proceso de recuento de votos se menciona con frecuencia y lleva a los participantes a afirmar que no pueden “poner las manos en el fuego”. A pesar de ello, muchos manifiestan tener dificultades para identificar claramente dónde o cómo se produce el fraude, lo que refuerza un sentimiento de duda generalizada.

Es difícil decir que en Brasil hay algo en lo que se pueda confiar al 100 %. [...] Confío en las urnas, en las elecciones, pero cuando se trata de una elección de mayor magnitud, como las presidenciales, por ejemplo, creo que no hay fraude (Mujer, 34, Zona Norte).

Confío desconfiando. [...] Pero, como siempre hay alguna trampa, siempre está esa famosa manera brasileña de hacer las cosas, que es impresionante, aterradora, esa manera brasileña, acabamos desconfiando de algunas cosas. Es inevitable no desconfiar. [...] Cómo podría producirse el fraude, no lo sé (Mujer, 30, Zona Oeste).

Hay mucha gente deshonesta, tanto en lo que respecta a los hackers como si se utilizara el papel. Hay mucha gente que se vende por cualquier cosa, así que es difícil confiar. En Brasil hay mucho fraude en todo (Mujer, 47, Zona Norte).

Creo que el voto electrónico, la cuestión de la urna electrónica, dificultó bastante el fraude. Pero, como han dicho la mayoría de los compañeros, confío desconfiando. Creo que, si hay fraude, no se produce en el primer nivel, no es a nivel del miembro de mesa electoral ni de la cabina de votación. Puede que haya algún caso aislado, pero creo que, si existe fraude, ocurre en los ordenadores centrales, en el área informática. Sin embargo, tampoco podemos garantizarlo, ¿no?, teniendo en cuenta que la urna electrónica se introdujo precisamente para minimizar el problema del fraude (Hombre, 44, Zona Norte).

Por su parte, las fuentes de desconfianza presentan cuatro justificaciones recurrentes: 1) sospechas de vulnerabilidades tecnológicas; 2) influencia de la desinformación y las noticias falsas; 3) falta de transparencia y fiscalización eficaz; 4) preferencia por el voto en papel.

La percepción de que los sistemas digitales son intrínsecamente vulnerables lleva a parte de los electores a dudar de la seguridad de las urnas. Muchos mencionan la posibilidad de manipulación, especialmente debido a la facilidad de acceso a los datos o a las intrusiones de hackers. Esta visión se apoya en comparaciones con otros sistemas considerados supuestamente seguros, como los bancos e incluso la NASA, que sufren ciberataques.

Todo lo que es electrónico, virtual, siempre tiene alguna manera de ser objeto de fraude. Independientemente de lo seguro que sea el software que uno consiga desarrollar, siempre tendrá fallos, siempre habrá puntos por los que se pueda vulnerar. Por ejemplo, de vez en cuando alguien invade los sistemas del Pentágono o de la NASA, que son referentes en este ámbito (Hombre, 25, Zona Oeste).

[...] Y también han robado datos de otras grandes empresas tecnológicas. Entonces, eso ya demuestra que los equipos electrónicos tienen sus vulnerabilidades, y nuestro sistema electrónico también. “Ah, no está conectado a Internet y tal”, pero no hace falta que esté conectado a Internet, basta con que alguien de dentro introduzca un virus para que este se propague entre los equipos. Tanto es así que hay países que tienen una tecnología millones de veces más avanzada que la nuestra y no implementan este sistema allí (Hombre, 44, Zona Oeste).

No confío en la parte electoral de Brasil. Todo esto de Internet, de los dispositivos electrónicos... Si un hacker invade la NASA, ¿no va a invadir un sistema brasileño? Así que no confío en nada de eso (Hombre, 40, Zona Norte).

Miren, todo lo relacionado con la informática, con Internet, siempre es frágil. [...] El Pix, que acaba de empezar, ya tiene fraudes, imagínense las urnas, que llevan años funcionando (Mujer, 45, Zona Norte).

Cabe destacar que los participantes también aluden a supuestos reportajes periodísticos sobre fraudes difundidos por los medios de comunicación. Además, muchos admiten que las noticias sobre vulneraciones en el recuento de votos y los rumores en las redes sociales refuerzan la desconfianza. De este modo, el escenario de desinformación parece generar una predisposición al escepticismo. Este resultado dialoga con el estudio de Dourado, Almeida y Piaia (2024), en el que se señala que los contenidos de impugnación electoral que circulan en las redes sociales suelen basarse en opiniones y alegaciones sin pruebas fácticas.

Siempre hay indicios, algunos archivos, reportajes y todo lo demás que indican que hay fraude. [...] En las últimas elecciones presidenciales hubo indicios de fraude en el nordeste con las urnas electrónicas, que, según dicen, son seguras. No coincidía el número de votos con la cantidad de electores y hubo indicios de fraude para favorecer a un candidato de allí, del nordeste (Hombre, 36, Zona Central).

Porque ya he visto casos de urnas manipuladas, el año pasado o el anterior, en Colombia, un hacker consiguió entrar en el sistema de protección de la urna brasileña, este tipo de noticias es frecuente. Ningún dato es inviolable, no hace falta ser una persona especialmente inteligente para conseguirlo. El papel es más difícil de manipular (Hombre, 30, Zona Norte).

Ya hemos visto varias situaciones de fraude, así que es algo que no podemos saber si hacen o no hacen. Si hay fraude o no lo hay, así que somos un poco desconfiados (Mujer, 26, Zona Norte).

Entre los electores que no confían en las urnas existe la percepción generalizada de que la fiscalización por parte de los organismos competentes es insuficiente y carece del rigor, la imparcialidad y la transparencia necesarios. Muchos expresan la sensación de que el sistema no es suficientemente claro en cuanto a la forma en que se procesan los votos, lo que alimenta la creencia de que los resultados podrían manipularse. Para muchos, la idea de que existe fraude parece constituir una convicción casi intuitiva, sustentada más en un sentimiento de desconfianza generalizada que en pruebas concretas o justificaciones detalladas.

Es muy relativo, ¿entiendes? Creo que hay fraude. Por mucho que los organizadores, el Tribunal Superior, por mucho que intenten hacer bien su trabajo, queriendo que Brasil sea un país correcto, aun así, desde mi punto de vista, sigue habiendo fraude (Mujer, 39, Zona Oeste).

Creo que realmente funciona, pero, por desgracia, entre ellos también hay corruptos, ¿no? Una persona puede ofrecer una cantidad de dinero y el otro puede incluso hacer la vista gorda. Si realmente todos fueran 100 % correctos y honestos, creo que funcionaría (Hombre, 39, Zona Norte).

No creo que no haya fiscalización, creo que hay personas que realmente están ahí con un propósito. Siempre intento relacionarlo con la realidad de cada uno. En mi realidad como profesor, sé que hay profesores que van a dar la mejor clase posible, así como sé que hay profesores que van a hacer lo mínimo, y también hay profesores que ni siquiera harán lo mínimo. Esto no ocurre solo en mi profesión, ocurre en todo. En el TSE habrá personas que se dejarán la piel trabajando, del mismo modo que habrá otras que estarán allí solo para cumplir con su presencia y no para trabajar (Hombre, 25, Zona Norte).

Hoy en día, cualquier máquina puede ser manipulada. No sé si alguno de ustedes ha tenido esta sensación... A veces, cuando vas a echar combustible al coche, por el simple hecho de que la manguera sea negra, tienes la sensación de preguntarte: “¿Será que el combustible empezó a salir realmente en el momento adecuado?”. Es la misma sensación con la urna: “¿Será que el voto realmente sigue adelante? ¿Será que llega a la persona correcta?”. Es algo que está completamente a oscuras (Hombre, 30, Zona Oeste).

El voto en papel aparece como una alternativa que simboliza una mayor integridad y seguridad. Para estos electores, el papel, aunque sea más lento, ofrece un control manual y está menos sujeto a manipulaciones.

Las elecciones tardaban muchísimo, las urnas agilizaron bastante el proceso, pero no creo que sea seguro. [...] El voto en papel podía tardar una semana, pero se contarían los votos uno por uno (Hombre, 39, Zona Norte).

Creo que es un chip, si no me equivoco, se cambia el chip y listo. Creo que no es seguro por eso. Preferiría el papel, escribir el voto y meterlo en la urna de allí (Hombre, 30, Zona Oeste).

Personalmente, no confío mucho en esta urna electrónica, sigo estando a favor del sistema antiguo, la urna y el papel. [...] Creo que existen varias maneras de cambiar el sistema de la urna electrónica. Otra cosa, creo que en Brasil se utiliza la urna electrónica... y, si fuera tan correcto, ¿por qué no la utilizarían también los demás países? ¿Por qué no la usan? En Brasil, tanto si se utiliza la urna electrónica como si no, siempre hay mucha corrupción, siempre voy a desconfiar, tanto si el sistema es electrónico como si es manual. Aun así, creo que la urna electrónica fue una forma de aumentar las posibilidades de alterar el resultado. No confío en ella (Hombre, 41, Zona Central).

Por último, la distribución territorial de los grupos permite observar, de manera exploratoria, algunas diferencias en el énfasis atribuido a estos argumentos. En los grupos de la Zona Norte aparecieron con frecuencia referencias a la vulnerabilidad tecnológica, la fiscalización y el voto en papel, mientras que en los grupos de la Zona Sur fueron más recurrentes los argumentos relacionados con la rapidez y la modernización que ofrecen las urnas, aunque acompañados de preocupaciones sobre la seguridad digital. En los grupos de la Zona Oeste, la confianza y la desconfianza aparecieron de manera más combinada, frecuentemente acompañadas de demandas de mayor transparencia. Sin embargo, estas diferencias no deben interpretarse como patrones territoriales de la opinión pública de Río de Janeiro, dadas las limitaciones del diseño de la investigación.

6  Consideraciones finales

En los últimos años, la seguridad de las urnas electrónicas en Brasil se ha convertido en objeto de debate, influido por el expresidente Jair Bolsonaro, en un contexto que refleja una tendencia global de líderes autoritario-populistas que cuestionan la legitimidad electoral (Eatwell; Goodwin, 2018; Norris; Inglehart, 2019). El fenómeno, frecuentemente asociado al surgimiento de nuevas corrientes político-ideológicas de la derecha (Gomes; Dourado, 2019) e intrínsecamente vinculado a la movilización a través de las redes sociales (Dourado; Almeida; Piaia, 2024), requiere una mirada cualitativa sobre las razones que impulsan la confianza o la desconfianza en el proceso electoral. En este sentido, el presente estudio buscó llenar este vacío mediante grupos focales realizados en abril de 2021 con 62 electores de Río de Janeiro.

Los resultados muestran, en primer lugar, que la confianza electoral no constituye una evaluación unívoca. Parte de los participantes manifiesta una elevada confianza en el funcionamiento técnico de las urnas, especialmente debido a la rapidez del recuento, al conocimiento de los procedimientos de votación y a la experiencia directa como miembros de mesa electoral. Al mismo tiempo, esta confianza puede coexistir con evaluaciones negativas de otras dimensiones del proceso electoral, como la desigualdad entre los candidatos o la compra de votos. Esta distinción refuerza la importancia de no tratar la confianza en la urna electrónica y la percepción de integridad electoral como dimensiones equivalentes, ya que esta última abarca diferentes etapas y aspectos de la competencia electoral (Norris; Frank; Coma, 2013).

Entre los participantes que manifiestan desconfianza, las justificaciones también son diversas. Surgen dudas sobre la vulnerabilidad de los sistemas electrónicos, referencias a noticias y rumores sobre supuestos fraudes, cuestionamientos sobre la transparencia y la fiscalización del proceso, y la preferencia por el voto en papel. En otros casos, sin embargo, la desconfianza no está asociada a un mecanismo específico de fraude, sino a una percepción más amplia de que las instituciones, las tecnologías y los actores políticos pueden corromperse. La recurrencia de expresiones como «en Brasil todo es corruptible» y «es necesario confiar desconfiando» revela este patrón: algunos participantes reconocen los mecanismos de seguridad de las urnas, pero aun así mantienen una sospecha difusa sobre la posibilidad de manipulación. Esta visión puede estar relacionada con un descontento más amplio con las instituciones políticas y con el funcionamiento de la democracia en el país.

Las referencias de los entrevistados a noticias, reportajes y rumores sobre fraude también aproximan los resultados a estudios que muestran la amplia circulación de contenidos de impugnación electoral en las redes sociales brasileñas (Ruediger, 2022; Dourado; Almeida; Piaia, 2024). Sin embargo, los datos analizados aquí permiten observar otro aspecto de este proceso: cómo estas informaciones aparecen incorporadas a las propias justificaciones de los electores cuando se les invita a explicar su confianza o desconfianza. Esto no permite afirmar que la exposición a estos contenidos produzca causalmente la desconfianza, pero muestra que estas narrativas forman parte del repertorio que algunos participantes utilizan para interpretar la fiabilidad de las elecciones.

La realización de los grupos focales en 2021 constituye, al mismo tiempo, una limitación y una característica analíticamente relevante de la investigación. Los datos no permiten representar la opinión actual de los electores de Río de Janeiro ni evaluar los cambios provocados por las elecciones presidenciales de 2022 y los acontecimientos posteriores. Por otro lado, permiten observar que los argumentos relacionados con la vulnerabilidad tecnológica, la posibilidad de fraude, la falta de transparencia y el voto impreso ya formaban parte de las percepciones de los electores antes de la intensificación de la retórica de impugnación electoral en 2022 y 2023.

Más que establecer los determinantes de la confianza electoral, por lo tanto, los resultados contribuyen a comprender los significados que los ciudadanos atribuyen a la confianza y la desconfianza. Si las investigaciones cuantitativas han mostrado quiénes tienden a desconfiar de las elecciones y en qué condiciones se manifiesta esta desconfianza, los grupos focales permiten avanzar en la comprensión de por qué los electores desconfían, identificando las razones, percepciones y experiencias asociadas a esta evaluación.

Referencias

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Sobre los Autores

Thais Estrella de Alencar es graduada, magíster y doctoranda en Ciencia Política por la Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro (UNIRIO), con período sándwich en la Universidad McGill. Es investigadora asociada al Grupo de Investigação Eleitoral (GIEL). Estudia comportamiento político y opinión pública, con enfoque en legitimidad democrática.

Felipe de Moraes Borba es profesor de Ciencia Política de la Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro (UNIRIO). Desarrolla investigaciones en las áreas de comportamiento político y electoral, opinión pública y violencia política, además de coordinar el Grupo de Investigação Eleitoral (GIEL). Es becario de Productividad en Investigación del CNPq (PQ-C) y Joven Científico de Nuestro Estado de la FAPERJ.

Contribuciones de los Autores

Conceptualización, T.E; metodología, T.E.; investigación, T.E.; curación de datos, T.E.; redacción – preparación del borrador original, T.E; redacción – revisión y edición, T.E., F.M.; recursos, F.M.; supervisión, F.M.; adquisición de financiamiento, F.M. Todos los autores leyeron y estuvieron de acuerdo con la versión publicada del manuscrito.

Financiamiento

Esta investigación contó con apoyo financiero de la Fundação Carlos Chagas Filho de Amparo à Pesquisa do Estado do Rio de Janeiro (FAPERJ).

Consentimiento Informado

Todos los participantes fueron previamente informados sobre los objetivos de la investigación, la grabación de las sesiones y la utilización de sus declaraciones para fines de investigación, habiendo manifestado verbalmente su consentimiento para participación y grabación, registrado al inicio de las sesiones.

Disponibilidad de Datos

Los datos brutos de esta investigación no están disponibles públicamente, en razón de los compromisos de confidencialidad y anonimización adoptados en la investigación.

Conflictos de Interés

Los autores declaran no haber conflictos de interés.

Sobre la Coleção Estudos Cariocas

La Coleção Estudos Cariocas (ISSN 1984-7203) es una publicación dedicada a estudios e investigaciones sobre el Municipio de Río de Janeiro, vinculada al Instituto Pereira Passos (IPP) de la Secretaría Municipal de la Casa Civil de la Alcaldía de Río de Janeiro.

Su objetivo es divulgar la producción técnico-científica sobre temas relacionados con la ciudad de Río de Janeiro, incluyendo sus conexiones metropolitanas y su inserción en contextos regionales, nacionales e internacionales. La publicación está abierta a todos los investigadores (sean empleados municipales o no), abarcando áreas diversas — siempre que aborden, parcial o totalmente, el enfoque espacial de la ciudad de Río de Janeiro.

Los artículos también deben alinearse con los objetivos del Instituto, a saber:

  1. promover y coordinar la intervención pública en el espacio urbano del Municipio;
  2. proveer e integrar las actividades del sistema de información geográfica, cartográfica, monográfica y de datos estadísticos de la Ciudad;
  3. apoyar el establecimiento de las directrices básicas para el desarrollo socioeconómico del Municipio.

Se dará especial énfasis a la articulación de los artículos con la propuesta de desarrollo económico de la ciudad. De este modo, se espera que los artículos multidisciplinarios enviados a la revista respondan a las necesidades de desarrollo urbano de Río de Janeiro.

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[1] En el momento en que se realizó la investigación, el equipo consideró que la recopilación de datos se enmarcaba en una investigación de opinión pública con participantes no identificados, supuesto que, en los términos de la Resolución CNS n.º 510/2016, no se registra ni se evalúa por el Sistema CEP/Conep.